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Entrevista a Santi Romero, asesor de proyectos arquitectónicos en bibliotecas

Santi RomeroSanti Romero es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. En 1993 empezó a trabajar en el Servicio de Bibliotecas de la Diputación de Barcelona, donde es desde 2005 el Jefe de la Unidad de Arquitectura Bibliotecaria. En el desarrollo de su labor ha asesorado proyectos en más de 150 bibliotecas, principalmente de la Provincia de Barcelona. Ha participado como experto español en la elaboración del Informe Técnico ISO/TR 11219 Condiciones cualitativas y estadísticas básicas para los edificios de bibliotecas (espacio, función y diseño), que se publicó en 2012, y desde 2005 es miembro de la Sección de Edificios y Equipamientos Bibliotecarios de Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA). También es profesor de nuestro curso Organización y gestión de espacios en la biblioteca.


¿Cómo repercute en el funcionamiento de una biblioteca la buena gestión de sus espacios?

Está demostrado que el espacio físico donde se desarrolla cualquier actividad influye, de manera consciente o inconsciente, en el comportamiento de las personas. Si ahora nos imaginamos una reunión de amigos, no se hablará de lo mismo ni se actuará de la misma manera si están sentados en la playa un día de sol que si están en una salita pequeña y acogedora, en invierno, por la noche, con poca luz y sentados alrededor de un fuego de leña.

Del mismo modo, el espacio físico de una biblioteca tiene un papel determinante tanto en el buen funcionamiento como en el mal funcionamiento del servicio bibliotecario. Una biblioteca mal organizada, caótica, con espacios pequeños y unas circulaciones complicadas, tendrá una utilización menos efectiva por parte de los usuarios. Asimismo, será más difícil de gestionar por parte del personal bibliotecario, que trabajará peor y, en consecuencia, ofrecerá un servicio de menor calidad. En cambio, una biblioteca bien resuelta tendrá más éxito, ya que los usuarios aprovecharán mejor el espacio y los servicios ofrecidos, y el personal bibliotecario trabajará con comodidad.

¿Es esa una tarea específica de los arquitectos o debe intervenir alguien más?

Cualquier edificio destinado a cualquier actividad ha de haberse proyectado por un arquitecto. Y cuando un edificio existente se reforma y se cambia de uso, también ha de elaborarse un proyecto arquitectónico. Por lo tanto, la figura del arquitecto es imprescindible cuando se ha de actuar en los espacios físicos. Pero para completar la labor se requiere la intervención de otros profesionales en las diferentes etapas de creación del edificio.

En el caso de una biblioteca, el primer agente que debe intervenir es el planificador del servicio bibliotecario, que es quien ha de definir qué tipo de biblioteca se quiere realizar, a qué público va destinada, qué cosas han de ocurrir en este espacio, qué equipamiento debe instalarse, etc. En definitiva, el arquitecto es el responsable de convertir una demanda de un “cliente”, ya sea a través de un programa funcional o mediante el relato de lo que le gustaría tener, en un espacio físico bien resuelto donde se pueda llevar a cabo la actividad prevista.

No siempre los presupuestos permiten llegar a lo que se podría considerar ideal. ¿Qué se prioriza en esos casos?

En primer lugar, me gustaría puntualizar que alcanzar este “ideal” no siempre es un tema de presupuesto. La buena arquitectura no es, ni mucho menos, la más cara. Es muy importante abordar un proyecto desde todas las perspectivas, y una de ellas es el presupuesto que se dispone. A partir de ahí, se trata de hacer un proyecto que sea bueno y factible, sabiendo de antemano lo que acabará costando el edificio. Por lo tanto, a priori, no debería haber demasiadas sorpresas. El problema es que en muchas ocasiones se inicia una construcción partiendo de parámetros económicos falsos, en muchos casos por intereses nada relacionados con la arquitectura y la construcción.

En cualquier caso, la prioridad es siempre defender a ultranza la buena arquitectura y utilizar la lógica. Estos dos lemas garantizan que en situaciones adversas se tome la decisión adecuada, ya sea simplificando el proyecto, ejecutándolo por fases, o cualquier otra decisión tomada desde la rigurosidad.

En tu experiencia y respecto a tu especialidad, ¿cuáles suelen ser los retos más difíciles a la hora de diseñar una nueva biblioteca? ¿Y en el caso de bibliotecas que pasan a usar edificios existentes? ¿Qué nos dices sobre bibliotecas que necesitan reorientar todo su espacio para adaptarlo a los estándares actuales?

He de decir que, aunque soy arquitecto, nunca he proyectado una biblioteca. Mi labor es asesorar a los arquitectos y a los municipios en todo el proceso de creación y construcción de los equipamientos bibliotecarios. Por lo tanto, mi especialidad es acompañar a los arquitectos en su trabajo de creación, asesorándolos en todo lo referente al uso bibliotecario, desde la propia organización funcional del edificio hasta los materiales constructivos, el sistema de iluminación, la distribución del mobiliario, etc. En consecuencia, el reto que me impongo es conseguir que la propuesta arquitectónica que elabora el arquitecto consiga materializarse en un edificio que funcione bien y sea fácil de mantener, una biblioteca donde tanto los usuarios como el personal bibliotecario se sientan a gusto.

En cuanto a la reutilización de edificios existentes para uso bibliotecario, es muy importante analizar en profundidad el edificio que se quiere reutilizar, disponer de un programa de necesidades muy elaborado y diagnosticar con rigor las ventajas e inconvenientes de este tipo de actuaciones, con la finalidad de tomar la decisión correcta. No todas las tipologías de edificios son adecuadas para uso bibliotecario, y no todas las bibliotecas tienen las mismas necesidades. Por lo tanto, el objetivo prioritario es decidir con acierto si se reutiliza un edificio existente o, por qué no, se opta por rechazar la intervención y buscar otras opciones.

Respecto a la última cuestión, es muy habitual verse obligado a reorientar las bibliotecas existentes, ya que evolucionan más rápido de lo que nos parece, y se hace necesario repensar el espacio físico. Volvemos al mismo tema de la calidad arquitectónica. Una biblioteca bien organizada aceptará transformaciones y cambios con mucha más facilidad. Partiendo de la base que una de las características más importantes que ha de tener un edificio bibliotecario es la flexibilidad, una biblioteca diseñada con esta premisa aceptará cambios de una manera más amable.

Evidentemente, cada caso es diferente. No es lo mismo reorganizar una biblioteca que reformarla y, además, ampliarla. Intervienen aquí cuestiones urbanísticas, condicionantes del edificio, etc. Pero insisto, cuando se junta un buen edificio bibliotecario, un programa funcional bien estudiado y un arquitecto comprometido con el proyecto, el resultado final será una biblioteca mejor.

¿Podrías darnos algunos buenos ejemplos de bibliotecas en relación con su organización y gestión de espacios? Quizá podrías mostrarnos algunos distintos atendiendo a criterios diferentes.

No puedo responder a esta pregunta con precisión. Las bibliotecas que conozco en profundidad son las de la Red de Bibliotecas Públicas de la Diputación de Barcelona, ya que la mayoría de ellas se han creado, o bien se han adaptado a los estándares actuales, durante los más de 25 años que llevo trabajando como asesor en materia de arquitectura bibliotecaria. La mayoría funcionan muy bien, y podría dar de todas ellas una opinión en la que se mezclaría un alto porcentaje de valoración positiva y uno más pequeño de valoración negativa, ya que la biblioteca perfecta no existe. Pero precisamente por conocerlas tan bien, se me hace difícil destacar únicamente 4 o 5 ejemplos. Lo que de verdad me gustaría es explicarlas una por una, el por qué son así, cómo funcionan, qué se ha conseguido y qué ha quedado por resolver. Pero entiendo que en esta entrevista no procede un análisis tan detallado.

Pero si he de daros algunos ejemplos concretos, y siguiendo con las bibliotecas públicas, ahora se habla mucho de la Oodi Central Library en Helsinki (Finlandia), de la LocHal Bibliotheek en Tilburg (Países Bajos) y de la biblioteca Dokk1 de Aarhus (Dinamarca). Estas y algunas otras parece que son el paradigma de la biblioteca pública de hoy, y la opinión pública las valora, en general, como excelentes. No he visitado ninguna de ellas y solo he podido analizarlas desde la distancia, por lo que no puedo dar una valoración en profundidad. Aun así, me atrevo a decir que son un buen ejemplo, ya que presentan una solución arquitectónica muy atractiva, potente y novedosa.

Eres arquitecto. ¿Por qué te especializaste en bibliotecas? ¿Qué diferencias principales destacarías sobre ese objeto de trabajo respecto a otros?

La razón por la que me especialicé en bibliotecas es completamente casual. Cuando terminé la carrera, trabajé en el Taller de Arquitectura Ricardo Bofill y también como arquitecto liberal. Pero en 1993 la casualidad me llevó a incorporarme a la Gerencia de Bibliotecas de la Diputación de Barcelona como arquitecto asesor. He de decir que desde el primer día me enamoré de la arquitectura bibliotecaria. Una de las razones es que tuve unos jefes que supieron transmitirme este entusiasmo por conseguir bibliotecas de calidad, y en el plano de la arquitectura se traducía en luchar para que los edificios bibliotecarios rocen la excelencia.

Pero es un trabajo peculiar. La gran diferencia entre el arquitecto que proyecta y el arquitecto que asesora es que este último trabaja en la sombra, y su aportación es casi anónima, pocas personas la conocen. Por lo tanto, la satisfacción por el trabajo bien hecho es casi íntima. Mi papel es intentar que el arquitecto diseñe una biblioteca que funcione bien, que sea bonita, fácil de gestionar y que la gente se sienta a gusto. Solo unos pocos sabemos qué cosas se han mejorado y cuánto ha costado conseguirlas, del mismo modo que sabemos qué problemas se han evitado. Y esta sensación que tienes el día de la inauguración de la biblioteca, cuando miras para atrás y recuerdas lo que podría haber sido el edificio y lo que ha mejorado gracias a tu trabajo, es sencillamente apasionante.

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