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Entrevista a Lidia Bartolomé, gestora de las redes sociales en la Biblioteca Municipal de Lloret de Mar

Lidia Bartolomé es diplomada en Biblioteconomía y Documentación y ha completado los másters universitarios en Documentación Online y en Información Digital. Trabaja como bibliotecaria en la Biblioteca Municipal de Lloret de Mar, donde gestiona las redes sociales des de 2010. Es coordinadora del proyecto colectivo #quefemalesbiblios que tiene el objetivo de mostrar el día a día de las bibliotecas a través de Instagram. También es profesora de nuestro curso Instagram para la Promoción de la Biblioteca.

¿Crees que es suficiente la presencia actual de las bibliotecas en las redes sociales?

Creo que las bibliotecas tienen presencia en las redes sociales «por encima de sus posibilidades».

La gestión de redes sociales ha pasado de ser una rareza, allá por el 2010, a una necesidad, hoy en día. Sin embargo, es una labor que no cuenta con la misma consideración que el resto de tareas «clásicas» que realizan los bibliotecarios y, a menudo, requiere sacar tiempo de donde no lo hay.

¿Por qué motivo las bibliotecas deben considerar Instagram como canal de difusión? 

Porque en Instagram está todo el mundo, desde esos jóvenes a los cuales nos cuesta tanto llegar, hasta los mayores que se han adaptado a las nuevas tecnologías. Es un fenómeno que no se da en ninguna otra red social. Además, la naturaleza de la aplicación, permite comunicar de una manera creativa e informal. Es un escaparate ideal para mostrar lo que pasa en las bibliotecas.

Instagram es una red de fotos. ¿Hay algo más o es simplemente eso?

Aunque es eminentemente una red de fotos, hay más. Yo soy partidaria de mantener la esencia de la red social y publicar sobretodo fotografías y vídeos pero, cada vez es más habitual ver perfiles que publican exactamente igual que en otras redes sociales: carteles publicitarios, texto, etc.

La aplicación ha evolucionado dando respuesta a los diferentes usos que le queramos dar. Tal como yo lo veo, el feed es un escaparate donde publicar imágenes, de calidad, que dan testimonio de lo que pasa, de lo que hacemos, de quién somos. En cambio, las stories, que nos permiten publicar información efímera, son la manera ideal de compartir información de servicio o sobre actividades.

¿Es posible medir lo que aporta el uso de Instagram a la biblioteca? En tu experiencia, ¿es esa aportación positiva más allá del propio entorno de la red social? Si es que sí, ¿en qué sentido? 

Medir, más allá de los datos puramente estadísticos, quizá no pero, puedo asegurar que, en general, aporta buen rollo. A menudo, preparar las publicaciones es un trabajo de equipo que proporciona momentos muy divertidos. 

Si hablamos de cómo influye Instagram en el día a día de la biblioteca, pienso que lo hace especialmente cuando se mezclan el mundo real y el virtual. Por ejemplo, cuando un usuario te escribe un privado pidiéndote si le puedes reservar ese libro que acabas de publicar en una foto o cuando expones físicamente en la biblioteca, una serie de fotos que has publicado primero en Instagram. Y, lo mejor, cuando te encuentras una fotografía de algún turista que ha visitado la biblioteca como un lugar más de interés y ha hecho una reseña en su perfil: ¡tu biblioteca está en el mundo!

¿Cuándo empezaste a interesarte por el uso de las redes sociales en la biblioteca? ¿Cómo ha cambiado ese entorno desde entonces hasta ahora?

Todo empezó en Facebook, por el año 2010, cuando ya trabajaba en la biblioteca de Lloret y estaba finalizando la Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación. Entonces no eran muchas las bibliotecas que tenían perfil y, en cuanto empecé a ver las primeras, supe que nosotros debíamos estar ahí. Luego vino Instagram, en el año 2012.

Lo que más ha cambiado es la manera de gestionar las redes. En general, las bibliotecas hemos llegado a ellas con mucho entusiasmo y poca planificación. Hoy en día, empieza a ser habitual trabajar con objetivos, establecer indicadores, medir resultados… La gestión de redes sociales empieza a incluirse en los planes estratégicos de las bibliotecas y eso significa que nos aproximamos a una normalización del trabajo que realizamos en ellas.

¿Qué proyectos propios relacionados con Instagram podrías mostrarnos? ¿Cuál es el objetivo de cada uno de ellos?

El proyecto del cual estoy más orgullosa es @quefemalesbiblios que gestiono junto a Rosana Andreu. Què fem a les biblios? (Qué hacemos en las biblios?) nace como un experimento para crear comunidad alrededor de un hashtag #quèfemalesbiblios que hoy día cuenta con más de 45.000 publicaciones etiquetadas en Instagram. El objetivo principal del proyecto, además de crear comunidad, es simple: mostrar lo que pasa en las bibliotecas.

¿Podrías mencionar algún caso de uso de Instagram por parte de bibliotecas que para ti sean ejemplos a emular?

Hay muchas bibliotecas que están haciendo cosas interesantes pero, si tengo que escoger alguna, me quedo con @craibellvitge, el perfil del CRAI de la facultad de Infermería, Medicina, Odontologia, Podologia i Ciències Biomèdiques de la Universitat de Barcelona.

Teniendo en cuenta que dinamizar una cuenta de una biblioteca especializada no es sencillo, por los límites que impone la especialización, tiene especial mérito. Para mí es un ejemplo porque comunican con un gran sentido del humor, cuidan mucho las publicaciones e invitan a sus usuarios y seguidores a interactuar.

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